Hace una semana y media, fiestas
del barrio, feria ambulante.
“Eh, Nat… Nat, hazme caso.” Dijo
Patricia mientras yo estaba bebiendo un buen trago de vodka del
típico vaso de plástico de medio litro que por mucho que te bebes
no acaba de rellenarse nunca. Giré la cabeza aturdida y la miré, le
hice un leve gesto con la cabeza para que me contara. “No crees que
estás bebiendo mucho…” Preguntó ella con su mejor intención,
pero estaba medio borracha… “No eres mi madre, deberías dejarme
un poquito en paz.” Dije con la mayor chulería del mundo, siendo
una mera hipócrita gilipollas. “Solo estoy evitándote un coma
etílico borde de mierda.” Replicó ella.
Cogí el vaso y lo tiré a vete tú a
saber donde, pero en la basura no cayó.
Empecé a encontrarme mal, muy mal, me
estaba mareando, corrí hacia el primer bar que vi y entré como una
bala al baño, creo que escuché pasos, pero estaba tan mal que me
dio bastante igual todo, absolutamente todo.
Y bingo, empecé a echar todo lo que
había bebido por triplicado en el primer baño que encontré, fue un
auténtico asco, y noté como mi cuerpo empezaba a desfallecerse, si
no llega a ser por los pasos que escuché antes podría haber acabado
en el hospital.
Empecé a cerrar los ojos, y cuando me
quise dar cuenta estaba en el suelo de aquel puto baño, tumbada, con
algo que me estaba haciendo de “almohada” en la cabeza y alguien
poniéndome papel higiénico con agua fría para que me despertase,
veía todo borroso, absolutamente todo, no podía distinguir ni la
silueta que tenía delante. Moví mis manos intentando frotarme los
ojos. “Qu.. Qué coño…” Articulé sin apenas vocalizar. “Te
dije que estabas bebiendo mucho.” Reconocí su voz rápidamente,
tampoco había que ser Einstein para saber quién era. “Oh vamos,
déjame en paz…”
Patricia, Patricia Scott, compañera de
clase nacida en Gran Bretaña que se mudó a Madrid a los 2 años,
por lo que es guiri en parte pero más española que la tortilla de
patata, vino a nuestro instituto el año pasado…
No es que me cayese mal, pero es que
siempre ha sido la típica chica responsable, con unas notas
excelentes, que nunca había roto un plato en su vida, y eso, me
repateaba.
Yo, sin embargo, Natalia García,
nacida en Burgos, más irresponsable que nadie, con suspensos a toda
costa, vaga, semialcohólica, sin apenas vida, independiente
totalmente, no me gusta depender de nadie, y menos de la gente que no
está precisamente en mi círculo social.
En ese momento, Patricia se derrumbó,
era sensible, y yo una gilipollas… “Oh, está bien… Yo solo
pretendía ayudar.. Perdona si te he molestado… Ya me voy…” La
miré a los ojos y me ablandó un poquito… “Perdona, estoy
borracha y cabreada… No te mereces irte así y menos habiéndome
ayudado… Lo siento.” De repente gracias a una mirada había
cambiado totalmente de actitud, que coño estaba haciendo ella en mí,
A QUE COÑO VIENE ESTO… Mi mente empezó a gritarme a mí misma.
Me incorporé y me llevé las manos a
la cara despejándome un poco… “Gracias.” Murmuré, mientras
intentaba levantarme.
Patricia me miró un poco cabreada.
“¿Pero es que nunca vas a aprender a ser amable?” La miré y se
fue corriendo de aquel baño. “Eh… Patri...” En cuanto pude
pronunciar la segunda palabra ya se había oído aquel portazo tan
horroroso que retumbó en mi cabeza durante un largo rato en el que
intenté volver a ponerme en pié.
Me lavé la cara en el lavabo por
segunda vez y me miré al espejo. ¿De verdad estaba haciendo esto
con mi vida? Suspiré y una pequeña lagrima cayó por mi parpado
llegando hasta mi mejilla que me quité con la mano cuidadosamente.
Salí de aquel baño y el camarero del
bar me miró. “Consumición requerida.” Lo miré y se le veía
cara de cabrón pero las reglas son las reglas y no estaba como para
meterme en problemas.
“Un… Lo que sea, una cerveza
mismamente.” Dije yo apenas articulando palabra.
El camarero asintió y empezó a
servirla, yo mientras saqué mi móvil y vi dos sms, uno de mi
hermano diciéndome que se había ido a dormir a casa de no sé qué
amigo y otro de Jaime. “Te has rajado, yo pensé que aguantarías
más, nos veremos mañana, cagada.”
Me bebí la cerveza en cuanto fue
servida y pagué yéndome de aquel lugar no apto para humanos.
Pensé en el mensaje de Jaime y en lo
último que dijo Pat… No sé porque me tengo que comportar como una
auténtica gilipollas, pero lo hago, soy así y no soy capaz de
mostrar una sonrisa ni aunque me maten.
Mientras andaba por las calles
observaba el panorama, borrachos, gente más joven bebiendo,
traficantes de drogas… En que mierda me he metido, me podía haber
ido, pero no.
Llegué a casa, absolutamente nadie, como siempre, me tiré en el
sofá y cogí el teléfono fijo para llamar a Jaime.
Entré en la residencia estudiantil y
subí por las escaleras desganada a mi habitación. Puede que me haya
afectado demasiado cuando no debería, puede que sea una dramática o
muy buena persona, pero esto no me está haciendo bien.
Cuando me quise dar cuenta el teléfono
estaba sonando, me tiré en mi cama y contesté con un tono muy seco.
“Cariño, que tu madre quiere hablar contigo, que te echa de menos
y se ha puesto un poco así… Espero que estés bien, bueno te la
paso, un beso.” Sonó la voz de mi padre y no pude evitar sonreír,
creo que debería ir a visitarlos, se lo merecen. “Hija, ¿Qué tal
en el instituto? ¿Qué tal los amigos? ¿Y las notas?” Me reí con
el pequeño bombardeo de preguntas de mi madre. “Mamá, mamá
tranquila estoy bien, los amigos bien, y las notas ya sabes, como
siempre, además no se para que me preguntas, sé que se las pides a
mi tutor en secreto, todos los meses un simple mail, no me engañes.”
Intenté sonar lo más convincente posible, nunca pensé que una
llamada de mis padres me podría hacer tanto bien. “Ya lo sé,
pero… Ehh… Oye… ¿Cómo te has enterado?” Entonces solté una
buena carcajada, pero con ganas de las de verdad. “Sabes que patata
no es una buena contraseña, de todas maneras da igual. ¿Qué tal
por allí? ¿Sigue lloviendo?” –No sería una gran novedad… El
tiempo en Gran Bretaña, ya se sabe. “Ahora mismo no, ahora mismo
se está bien. Aunque me imagino que en España estarás mejor…
Bueno, tu padre y yo nos vamos a ir a cenar por ahí, te queremos, un
beso, y recuerda que nos puedes llamar cuando quieras.” Suspiré
pero seguí sonriendo. “No os preocupéis, de verdad, un beso…
Adiós.” Colgué y dejé el teléfono en la mesilla.
Llevo tiempo mirando las tarifas de
tren y avión, pero aún estoy esperando un poco, porque estamos en
el ecuador del curso y no sé, pero lo de que quiero volver de visita
es en serio.
Me tumbé en la cama y me quedé
mirando al techo, mañana es sábado, y no tengo nada que hacer…
Que aburrido, debería quedar con María o Naomi, están aquí al
lado, y por lo que se ve están dormidas, o eso parece.
Abrí la ventana de mi habitación y
asomé la cabeza, Marta y Naomi eran mis compañeras del cuarto de al
lado, cada una en una habitación, Marta a la izquierda y Naomi a la
derecha.
Marta estaba como un tronco, esos
ronquidos eran inconfundibles, pero algo pasaba en la otra
habitación, creo que eran sollozos, rápidamente cerré la ventana y
corrí a abrir la puerta para tocar en la suya. “Naom, Naom, soy
yo…” Toqué la puerta con el puño para que me abriese.
“Tranquila, abre la puerta por favor…”
Su cara se me quedó un poco marcada,
no sabía porque estaba así pero lo primero que hice fue darle un
gran abrazo… “Shh… Tranquila, no te preocupes…” Dice
acariciando su espalda con cariño para que se calmase…
Entré en su habitación y cerré la
puerta con el pié. Me senté en su cama haciendo que se sentara ella
también y seguí intentando hacer que se tranquilizara. “Tranquila,
no te preocupes, no te atosigues…” Le quité las lágrimas con la
mano y me miró a los ojos. “Es Adrián joder… Adrián… Me ha,
me ha dejado…” Nunca había tenido una relación tan profunda
como para llorar por una ruptura, pero a estas alturas ya me
imaginaba lo que era…
En este momento no quería meter
mierda, ni lo iba a hacer, solo quería ser un apoyo moral para ella,
aunque la verdad es que los tres, Jaime, Adrián y Daniel eran unos
cabrones, no sabían lo que era ni el amor ni la amistad, solo sabían
joder como buenos gilipollas.
“Tranquila… No pasa nada, no te
mereces sufrir…” Dije murmurando y volviendo a abrazarla. “Ya
lo sé pero joder, yo le quería, pero él… Él me trataba como una
auténtica mierda, no me merezco esto, ¡No!” Intenté pensar
rápido una solución para que dejase de pensar en ese cabrón, y de
pronto lo vi claro. “Ven.” Dije cogiéndola de la mano. “Pero
para qué… ¿Acaso va a solucionar esto algo…?” Replicó ella
aún sollozando, yo la calle con un leve shhh y poniendo mi dedo
índice en mi boca indicando silencio y la llevé junto a mí a la
puerta de la habitación de Marta. Acababa de tener una idea genial…
“¿Sabes el juego ese, Slender, el
que tanto cague le da a Marta?” Pregunté con una pequeña sonrisa
maliciosa en mi boca. “Claro, no sé cómo le puede asustar esa
mierda…” Dijo ella un poco más calmada. “Quédate aquí, un
momento.”
Entré en mi habitación y cogí una
camiseta que tenía en la que se veía el dibujo de un smoking, me
puse una careta blanca que usé para halloween y me cubrí el pelo
con una chaqueta con capucha que me puse encima de la camiseta. Salí
de la habitación y Naomi se acabó riendo, yo le indiqué que se
callara de nuevo muy metida en mi papel y con la linterna de mi móvil
me fui apuntando la cara conforme abría la puerta de la habitación.
Veía la sombra de Naom detrás de mí.
Me fui acercando hasta que estuve lo suficientemente cerca, Marta
estaba durmiendo como un tronco, pero a eso le quedaba muy poco.
Suspiré para aguantarme la risa y tiré un libro que tenía en la
mesa para que ella se diese cuenta de que estaba ahí.
“AAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH
SUBNORMALLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLL QUE COÑO
HACEEEEEEEEEEEEEEEEEES.” Su grito fue horrorosamente divertido y vi
a Naomi reírse como si no hubiese un mañana, le hice un gesto para
que cerrase la puerta y rápidamente Marta temblorosa encendió la
luz de la habitación.
Acercó su mano y me quitó la máscara,
entonces me vio a mi llorando de risa y rápidamente me pegó un
pequeño puñetazo en el hombro que me dolió un poco pero el momento
era jodidamente increíble, creo que no me he reído más en mi vida.
Incluso Marta acabó riéndose, pero
sabía perfectamente que acabaría vengándose, ¿Mereció la pena?
Por supuesto.
Entonces oí pasos, y me imaginé que
sería el vigilante, corrí con todas mis ganas hacia debajo del
escritorio de Marta y con una mano tiré a Naomi junto a mí. “No
me pueden volver a castigar, a si que por vuestro padre callaros
capullas.” Susurró Marta, no es que tuviese un historial grande de
castigos por hacer gilipolleces en la residencia pero…
Escuché como el vigilante habría
levemente la puerta y Marta se hacía la dormida… No era muy
creíble pues en ese momento no estaba roncando pero podría valer…
Al rato el vigilante se fue, menos mal que lo escuché irse por el
pasillo que si llega a entrar a mi habitación o a la de Naomi…
“Valientes capullas de mierda… Ya
os vale, casi me matáis.” Murmuró Marta poniendo su cara de
indignada, lógicamente no lo estaba, su sentido del humor era bueno
a sí que las dos sabíamos que en el fondo se estaba riendo.
“Y ahora… ¿Se puede saber a que ha
venido esto?” Preguntó ella encendiendo la luz de la mesilla. “A
que te queremos mucho, a eso ha venido.” Sonreí y negué con la
cabeza… “Adrián… A eso ha venido esto.” Entonces cambié de
cara completamente.
Marta se levantó y corrió a abrazar a
su amiga. Me mordí el labio… Ojalá le diesen un buen escarmiento
a ese subnormal y a sus queridos amiguitos, ojalá.
“Oye Pat, ¿Tu no estabas en la
feria?” Preguntó Naomi, suspiré y la miré. “No había gran
cosa y desde la última vez casi que me da asco beber, mejor no
recordarlo.” Sonreí, al final las tres acabamos más calmadas.
“Bueno chicas, será mejor dormir, y
ya mañana salimos las tres y hablamos y todo eso.” Dijo Naomi,
asentí con la cabeza y le revolví el pelo a Marta. “Mañana nos
vemos asustadiza.” Dije con un pequeño rintintín para fastidiarla
un poco. “Capulla…” Murmuró ella. “Ya te acompaño yo Naom,
dejemos a Marta roncar, que lo hace muy bien, ¡Adiós!” Dije
sonriente y salí de la habitación de Marta junto a ella. Se paró
en el pasillo y me miró. “Gracias, de verdad, Pat, eres una buena
amiga, sé que esto no lo harías por cualquiera…” Le abrí la
puerta de su habitación y sonreí agradecida. “No hay de que, para
eso estamos, hasta mañana, descansa.” Ella me respondió con un
igualmente y abrí la puerta de la habitación. Mañana será otro
día… Sonreí y al entrar abrí mi cama, sin cambiarme ni nada, no
tenía ganas. Me metí dentro y apagué la luz con mi codo cerrando
los ojos.

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