sábado, 11 de enero de 2014

Hace una semana y media, fiestas del barrio, feria ambulante.

“Eh, Nat… Nat, hazme caso.” Dijo Patricia mientras yo estaba bebiendo un buen trago de vodka del típico vaso de plástico de medio litro que por mucho que te bebes no acaba de rellenarse nunca. Giré la cabeza aturdida y la miré, le hice un leve gesto con la cabeza para que me contara. “No crees que estás bebiendo mucho…” Preguntó ella con su mejor intención, pero estaba medio borracha… “No eres mi madre, deberías dejarme un poquito en paz.” Dije con la mayor chulería del mundo, siendo una mera hipócrita gilipollas. “Solo estoy evitándote un coma etílico borde de mierda.” Replicó ella.
Cogí el vaso y lo tiré a vete tú a saber donde, pero en la basura no cayó.
Empecé a encontrarme mal, muy mal, me estaba mareando, corrí hacia el primer bar que vi y entré como una bala al baño, creo que escuché pasos, pero estaba tan mal que me dio bastante igual todo, absolutamente todo.
Y bingo, empecé a echar todo lo que había bebido por triplicado en el primer baño que encontré, fue un auténtico asco, y noté como mi cuerpo empezaba a desfallecerse, si no llega a ser por los pasos que escuché antes podría haber acabado en el hospital.
Empecé a cerrar los ojos, y cuando me quise dar cuenta estaba en el suelo de aquel puto baño, tumbada, con algo que me estaba haciendo de “almohada” en la cabeza y alguien poniéndome papel higiénico con agua fría para que me despertase, veía todo borroso, absolutamente todo, no podía distinguir ni la silueta que tenía delante. Moví mis manos intentando frotarme los ojos. “Qu.. Qué coño…” Articulé sin apenas vocalizar. “Te dije que estabas bebiendo mucho.” Reconocí su voz rápidamente, tampoco había que ser Einstein para saber quién era. “Oh vamos, déjame en paz…”
Patricia, Patricia Scott, compañera de clase nacida en Gran Bretaña que se mudó a Madrid a los 2 años, por lo que es guiri en parte pero más española que la tortilla de patata, vino a nuestro instituto el año pasado…
No es que me cayese mal, pero es que siempre ha sido la típica chica responsable, con unas notas excelentes, que nunca había roto un plato en su vida, y eso, me repateaba.
Yo, sin embargo, Natalia García, nacida en Burgos, más irresponsable que nadie, con suspensos a toda costa, vaga, semialcohólica, sin apenas vida, independiente totalmente, no me gusta depender de nadie, y menos de la gente que no está precisamente en mi círculo social.
En ese momento, Patricia se derrumbó, era sensible, y yo una gilipollas… “Oh, está bien… Yo solo pretendía ayudar.. Perdona si te he molestado… Ya me voy…” La miré a los ojos y me ablandó un poquito… “Perdona, estoy borracha y cabreada… No te mereces irte así y menos habiéndome ayudado… Lo siento.” De repente gracias a una mirada había cambiado totalmente de actitud, que coño estaba haciendo ella en mí, A QUE COÑO VIENE ESTO… Mi mente empezó a gritarme a mí misma.
Me incorporé y me llevé las manos a la cara despejándome un poco… “Gracias.” Murmuré, mientras intentaba levantarme.
Patricia me miró un poco cabreada. “¿Pero es que nunca vas a aprender a ser amable?” La miré y se fue corriendo de aquel baño. “Eh… Patri...” En cuanto pude pronunciar la segunda palabra ya se había oído aquel portazo tan horroroso que retumbó en mi cabeza durante un largo rato en el que intenté volver a ponerme en pié.
Me lavé la cara en el lavabo por segunda vez y me miré al espejo. ¿De verdad estaba haciendo esto con mi vida? Suspiré y una pequeña lagrima cayó por mi parpado llegando hasta mi mejilla que me quité con la mano cuidadosamente.
Salí de aquel baño y el camarero del bar me miró. “Consumición requerida.” Lo miré y se le veía cara de cabrón pero las reglas son las reglas y no estaba como para meterme en problemas.
“Un… Lo que sea, una cerveza mismamente.” Dije yo apenas articulando palabra.
El camarero asintió y empezó a servirla, yo mientras saqué mi móvil y vi dos sms, uno de mi hermano diciéndome que se había ido a dormir a casa de no sé qué amigo y otro de Jaime. “Te has rajado, yo pensé que aguantarías más, nos veremos mañana, cagada.”
Me bebí la cerveza en cuanto fue servida y pagué yéndome de aquel lugar no apto para humanos.
Pensé en el mensaje de Jaime y en lo último que dijo Pat… No sé porque me tengo que comportar como una auténtica gilipollas, pero lo hago, soy así y no soy capaz de mostrar una sonrisa ni aunque me maten.
Mientras andaba por las calles observaba el panorama, borrachos, gente más joven bebiendo, traficantes de drogas… En que mierda me he metido, me podía haber ido, pero no.
Llegué a casa, absolutamente nadie, como siempre, me tiré en el sofá y cogí el teléfono fijo para llamar a Jaime.
Entré en la residencia estudiantil y subí por las escaleras desganada a mi habitación. Puede que me haya afectado demasiado cuando no debería, puede que sea una dramática o muy buena persona, pero esto no me está haciendo bien.
Cuando me quise dar cuenta el teléfono estaba sonando, me tiré en mi cama y contesté con un tono muy seco. “Cariño, que tu madre quiere hablar contigo, que te echa de menos y se ha puesto un poco así… Espero que estés bien, bueno te la paso, un beso.” Sonó la voz de mi padre y no pude evitar sonreír, creo que debería ir a visitarlos, se lo merecen. “Hija, ¿Qué tal en el instituto? ¿Qué tal los amigos? ¿Y las notas?” Me reí con el pequeño bombardeo de preguntas de mi madre. “Mamá, mamá tranquila estoy bien, los amigos bien, y las notas ya sabes, como siempre, además no se para que me preguntas, sé que se las pides a mi tutor en secreto, todos los meses un simple mail, no me engañes.” Intenté sonar lo más convincente posible, nunca pensé que una llamada de mis padres me podría hacer tanto bien. “Ya lo sé, pero… Ehh… Oye… ¿Cómo te has enterado?” Entonces solté una buena carcajada, pero con ganas de las de verdad. “Sabes que patata no es una buena contraseña, de todas maneras da igual. ¿Qué tal por allí? ¿Sigue lloviendo?” –No sería una gran novedad… El tiempo en Gran Bretaña, ya se sabe. “Ahora mismo no, ahora mismo se está bien. Aunque me imagino que en España estarás mejor… Bueno, tu padre y yo nos vamos a ir a cenar por ahí, te queremos, un beso, y recuerda que nos puedes llamar cuando quieras.” Suspiré pero seguí sonriendo. “No os preocupéis, de verdad, un beso… Adiós.” Colgué y dejé el teléfono en la mesilla.
Llevo tiempo mirando las tarifas de tren y avión, pero aún estoy esperando un poco, porque estamos en el ecuador del curso y no sé, pero lo de que quiero volver de visita es en serio.
Me tumbé en la cama y me quedé mirando al techo, mañana es sábado, y no tengo nada que hacer… Que aburrido, debería quedar con María o Naomi, están aquí al lado, y por lo que se ve están dormidas, o eso parece.
Abrí la ventana de mi habitación y asomé la cabeza, Marta y Naomi eran mis compañeras del cuarto de al lado, cada una en una habitación, Marta a la izquierda y Naomi a la derecha.
Marta estaba como un tronco, esos ronquidos eran inconfundibles, pero algo pasaba en la otra habitación, creo que eran sollozos, rápidamente cerré la ventana y corrí a abrir la puerta para tocar en la suya. “Naom, Naom, soy yo…” Toqué la puerta con el puño para que me abriese. “Tranquila, abre la puerta por favor…”
Su cara se me quedó un poco marcada, no sabía porque estaba así pero lo primero que hice fue darle un gran abrazo… “Shh… Tranquila, no te preocupes…” Dice acariciando su espalda con cariño para que se calmase…
Entré en su habitación y cerré la puerta con el pié. Me senté en su cama haciendo que se sentara ella también y seguí intentando hacer que se tranquilizara. “Tranquila, no te preocupes, no te atosigues…” Le quité las lágrimas con la mano y me miró a los ojos. “Es Adrián joder… Adrián… Me ha, me ha dejado…” Nunca había tenido una relación tan profunda como para llorar por una ruptura, pero a estas alturas ya me imaginaba lo que era…
En este momento no quería meter mierda, ni lo iba a hacer, solo quería ser un apoyo moral para ella, aunque la verdad es que los tres, Jaime, Adrián y Daniel eran unos cabrones, no sabían lo que era ni el amor ni la amistad, solo sabían joder como buenos gilipollas.
“Tranquila… No pasa nada, no te mereces sufrir…” Dije murmurando y volviendo a abrazarla. “Ya lo sé pero joder, yo le quería, pero él… Él me trataba como una auténtica mierda, no me merezco esto, ¡No!” Intenté pensar rápido una solución para que dejase de pensar en ese cabrón, y de pronto lo vi claro. “Ven.” Dije cogiéndola de la mano. “Pero para qué… ¿Acaso va a solucionar esto algo…?” Replicó ella aún sollozando, yo la calle con un leve shhh y poniendo mi dedo índice en mi boca indicando silencio y la llevé junto a mí a la puerta de la habitación de Marta. Acababa de tener una idea genial…
“¿Sabes el juego ese, Slender, el que tanto cague le da a Marta?” Pregunté con una pequeña sonrisa maliciosa en mi boca. “Claro, no sé cómo le puede asustar esa mierda…” Dijo ella un poco más calmada. “Quédate aquí, un momento.”
Entré en mi habitación y cogí una camiseta que tenía en la que se veía el dibujo de un smoking, me puse una careta blanca que usé para halloween y me cubrí el pelo con una chaqueta con capucha que me puse encima de la camiseta. Salí de la habitación y Naomi se acabó riendo, yo le indiqué que se callara de nuevo muy metida en mi papel y con la linterna de mi móvil me fui apuntando la cara conforme abría la puerta de la habitación.
Veía la sombra de Naom detrás de mí. Me fui acercando hasta que estuve lo suficientemente cerca, Marta estaba durmiendo como un tronco, pero a eso le quedaba muy poco. Suspiré para aguantarme la risa y tiré un libro que tenía en la mesa para que ella se diese cuenta de que estaba ahí.
“AAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH SUBNORMALLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLL QUE COÑO HACEEEEEEEEEEEEEEEEEES.” Su grito fue horrorosamente divertido y vi a Naomi reírse como si no hubiese un mañana, le hice un gesto para que cerrase la puerta y rápidamente Marta temblorosa encendió la luz de la habitación.
Acercó su mano y me quitó la máscara, entonces me vio a mi llorando de risa y rápidamente me pegó un pequeño puñetazo en el hombro que me dolió un poco pero el momento era jodidamente increíble, creo que no me he reído más en mi vida.
Incluso Marta acabó riéndose, pero sabía perfectamente que acabaría vengándose, ¿Mereció la pena? Por supuesto.
Entonces oí pasos, y me imaginé que sería el vigilante, corrí con todas mis ganas hacia debajo del escritorio de Marta y con una mano tiré a Naomi junto a mí. “No me pueden volver a castigar, a si que por vuestro padre callaros capullas.” Susurró Marta, no es que tuviese un historial grande de castigos por hacer gilipolleces en la residencia pero…
Escuché como el vigilante habría levemente la puerta y Marta se hacía la dormida… No era muy creíble pues en ese momento no estaba roncando pero podría valer… Al rato el vigilante se fue, menos mal que lo escuché irse por el pasillo que si llega a entrar a mi habitación o a la de Naomi…
“Valientes capullas de mierda… Ya os vale, casi me matáis.” Murmuró Marta poniendo su cara de indignada, lógicamente no lo estaba, su sentido del humor era bueno a sí que las dos sabíamos que en el fondo se estaba riendo.
“Y ahora… ¿Se puede saber a que ha venido esto?” Preguntó ella encendiendo la luz de la mesilla. “A que te queremos mucho, a eso ha venido.” Sonreí y negué con la cabeza… “Adrián… A eso ha venido esto.” Entonces cambié de cara completamente.
Marta se levantó y corrió a abrazar a su amiga. Me mordí el labio… Ojalá le diesen un buen escarmiento a ese subnormal y a sus queridos amiguitos, ojalá.
“Oye Pat, ¿Tu no estabas en la feria?” Preguntó Naomi, suspiré y la miré. “No había gran cosa y desde la última vez casi que me da asco beber, mejor no recordarlo.” Sonreí, al final las tres acabamos más calmadas.
“Bueno chicas, será mejor dormir, y ya mañana salimos las tres y hablamos y todo eso.” Dijo Naomi, asentí con la cabeza y le revolví el pelo a Marta. “Mañana nos vemos asustadiza.” Dije con un pequeño rintintín para fastidiarla un poco. “Capulla…” Murmuró ella. “Ya te acompaño yo Naom, dejemos a Marta roncar, que lo hace muy bien, ¡Adiós!” Dije sonriente y salí de la habitación de Marta junto a ella. Se paró en el pasillo y me miró. “Gracias, de verdad, Pat, eres una buena amiga, sé que esto no lo harías por cualquiera…” Le abrí la puerta de su habitación y sonreí agradecida. “No hay de que, para eso estamos, hasta mañana, descansa.” Ella me respondió con un igualmente y abrí la puerta de la habitación. Mañana será otro día… Sonreí y al entrar abrí mi cama, sin cambiarme ni nada, no tenía ganas. Me metí dentro y apagué la luz con mi codo cerrando los ojos.






Posted on 14:23 by Unknown

No comments

Prologo

Pasillo del instituto 4º piso, 15:30 PM. Después de clase.
Quizás todo empezase pronto, o empezase tarde, pero empezó…
Quien me iba a decir a mí que unos gilipollas me podrían arruinar la vida, pero arruinarla del todo. Ahí me encontraba, al borde del abismo, sin ningún miedo que temer, a punto de hacer lo que seguro muchos querían que hiciera, abandonar mi vida.
No lloraba, no reía, estaba en paz. Mis manos se apoyaron en aquella barandilla, no tenía ganas de pensar absolutamente nada, solo quería abandonar sin mirar atrás. Sin peros, sin cómos, yo no estaba hecha para estar en este puto mundo.
No había nadie que me lo fuese a impedir, aunque tampoco los iba a escuchar, subí haciendo fuerza en mis manos y apoyando la pierna encima de la barandilla e hice impulso sobre mí misma. Lo mismo con la otra pierna y cogí equilibrio, el suficiente para no caerme, de momento, ahora sí que estaba pendiendo de un hilo, casi literalmente.
Ese típico flashback en el que pasa toda tu vida por tus ojos durante un rato ya estaba empezando a invadir mi mente. Mi infancia, mi juventud… Bueno, hasta ahora. Una pequeña lágrima salió de mis ojos recordando lo bonito que era, y destaco la palabra era.

Por desgracia… También recordé porque coño estoy aquí, ahora.

Posted on 14:22 by Unknown

No comments